Miles de peregrinos visitaron el Santuario Mariano Guadalupano de Chetumal

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Por Álvaro Ortiz Salamanca

CHETUMAL, 11 de diciembre. – Miles de peregrinos inundados de fe y esperanza arribaron al Santuario Diocesano Mariano Guadalupano de Chetumal desde el 1 de diciembre, en una de las manifestaciones religiosas más sentidas del año.

Día tras día, familias completas, jóvenes, adultos mayores y comunidades provenientes de diversos puntos de Quintana Roo y de estados vecinos recorrieron las calles de la capital para honrar a la Virgen de Guadalupe, dejando a su paso un ambiente de profunda devoción y gratitud.

El pasado sábado, la emoción se desbordó cuando monaguillos, niñas, niños y jóvenes de diferentes municipios llegaron al santuario entre cantos, rezos y sonrisas llenas de ilusión. Sus pasos, pequeños pero decididos, marcaron uno de los momentos más entrañables de la jornada.

Acompañados por catequistas, familiares y miembros de sus parroquias, caminaron con el corazón puesto en la Morenita del Tepeyac, convirtiendo las calles de Chetumal en un río de fervor juvenil que conmovió a residentes y visitantes.

Las parroquias de la capital del estado también se sumaron con gran entusiasmo a esta celebración guadalupana. Vehículos adornados con flores, estandartes, globos y luces recorrieron las principales avenidas del centro, formando caravanas que despertaron aplausos y gestos de admiración entre quienes presenciaron su paso.

En el santuario, el párroco David Martín Leal recibió a los peregrinos con un mensaje cálido y esperanzador. Conmovido por la respuesta de la gente, invitó a todos a fortalecer su fe, a orar por la paz de México y por el bienestar de las familias, subrayando que las muestras de devoción hacia la Virgen María no son solo una tradición arraigada, sino una expresión profunda de fidelidad a Dios.

También llamó a los fieles a prepararse espiritualmente para la celebración de los 500 años de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe en México, una fecha que, dijo, debe vivirse con alegría, reflexión y unidad.

Entre los visitantes más destacados se encuentran los Antorchistas provenientes de diversos pueblos de Yucatán, quienes han mantenido viva su tradición anual de recorrer largas distancias para cumplir promesas o agradecer favores recibidos por intercesión de la Santísima Virgen.

Sus antorchas encendidas simbolizan la luz de la fe que los guía y que comparten con todos a su paso. Para muchos de ellos, llegar al santuario representa el cierre de un año de luchas personales y familiares, y el inicio de un nuevo ciclo lleno de esperanza.

Durante estos días, el Santuario Diocesano Mariano Guadalupano se ha convertido en un punto de encuentro donde se entrelazan historias, agradecimientos, súplicas y sueños. El ambiente espiritual que envolvió el lugar recuerda que, más allá de la distancia recorrida, lo que une a cada peregrino es el deseo de acercarse a la Virgen de Guadalupe con el corazón abierto. Y así, entre cantos, oraciones y lágrimas de emoción, Chetumal vivió una vez más una de sus expresiones de fe más profundas y conmovedoras.

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