Jorge Manriquez Centeno expone glamour y toxicidad en su libro (Des)encuentros

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Por Álvaro Ortiz Salamanca

CHETUMAL, 30 de septiembre. – “Chilango de nacimiento y de buena cepa, y chetumaleño de corazón”, se autodefine Jorge Manriquez Centeno, nacido en el Distrito Federal (ahora Ciudad de México) y con residencia en Chetumal desde 1991, como se puede leer en la presentación de (Des)encuentros, libro de relatos que irrumpe en la escena literaria, bajo el sello editorial de Rosa Ma. PORRUA.

“Escribiendo, reescribiendo, tirando a la basura algunos escritos que creí insípidos, recogiendo retazos, armando y desarmando toboganes que apuntan al cielo o el abismo, ha llegado el momento de mojarme y no sólo de ver caer la lluvia”, mencionó Jorge Manriquez Centeno al explicar las razones que lo impulsaron hasta ahora publicar su primera obra en forma de libro.

Dijo que con (Des)encuentros pretende exponer el laberinto toxico, envolvente o glamoroso en que te puede cercar un trabajo, en este caso una oficina ubicada contextualmente en los años ochenta en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México, pero que bien puede ser cualquier oficina de esos y estos tiempos.

“Una oficina es un microcosmos aislado, envolvente, donde sumas o restas, como todo en la vida. En esta oficina, que pueden ser muchas o una sola, hay personajes —plagados de pasiones humanas, bajas, viles, nobles, dignas: diferentes como la vida misma—, quienes están inmersos en atmósferas de deseos oscuros, agonía y frustración, pero también miran hacia un mejor porvenir, esa esperanza humana, latente, que nos dice que vale la pena vivir”, enfatizó.

“Narrado en tercera persona, con un lenguaje transparente que se tiñe con giros metafóricos y palabras del argot chilango, en estas líneas se exhiben situaciones y tragedias lacerantes que atestiguan la condición humana, ceñida por redes de la burocracia y absurdos valores y sueños, que llevan incluso a los protagonistas a la locura, la tristeza y la muerte”, indicó el escritor Agustín Labrada, en la reseña del libro en la cuarta de forros.

“El hilo conductor de mi obra es la figura del gato, majestuoso ser que simboliza la dignidad de los seres vivos, claro, desde mi punto de vista, y es este ser grandioso con el que pretendo darle unidad a mi obra, además de irrumpir como un medio de evasión de los conflictos que atenazan a los diversos protagonistas de los relatos de (Des)encuentros”, dijo el escritor Jorge Manriquez Centeno.

“El libro es también una crítica al sistema político de los años ochenta y en él se abordan las mezquindades propias del ser humano, así como su grandeza”, apuntó el autor de (Des)encuentros.

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